En estos momentos en el que se debaten los biocombustibles en el Proyecto de Real Decreto, ECODES ha presentado el informe ‘Cazamitos sobre los biocombustibles’: 7 realidades respaldadas por datos que desmienten los mitos más comunes sobre los biocombustibles.

Mito 1. Los biocombustibles mejoran la seguridad y la independencia energética de España
La realidad es que el uso de biocombustibles en España depende en gran medida de la importación de materias primas procedentes de fuera de Europa (un 80%). Por tanto, no se logrará una verdadera independencia energética sin reducir estas importaciones, regular la entrada de materias primas fraudulentas y adaptar la demanda a la disponibilidad real de recursos dentro del continente.
Mito 2. Los biocombustibles son una opción viable para descarbonizar el transporte por carretera
España tiene capacidad para producir electricidad a partir de energía renovable, pero no tiene acceso a la cantidad de materia prima necesaria para producir biocombustibles si se pretenden usar en el transporte por carretera, además del transporte marítimo y de la aviación, e incluso en otros sectores.
Teniendo en cuenta la escasez y la procedencia de las materias primas disponibles, así como el impacto ambiental de la producción de biocombustibles, no son una solución viable para descarbonizar el transporte por carretera. Su uso debería reservarse para facilitar la reducción de emisiones de otros modos de transporte, como son el transporte marítimo y la aviación.
Asimismo, la apuesta por la producción de energías renovables de forma mayoritaria vinculando su uso para desplazarnos mediante vehículos 100% eléctricos a batería supone también mejorar nuestra seguridad e independencia energética. Para el transporte por carretera, la electrificación del parque vehicular europeo es la alternativa más limpia y sostenible, sobre todo cuando el mix energético utilizado para suministrar esta energía proviene mayoritariamente de energías renovables.
Mito 3. Los biocombustibles de segunda generación pueden producirse a gran escala sin competir por recursos ni generar problemas de suministro
La demanda en grasas animales para biocombustibles de segunda generación ha experimentado un fuerte crecimiento en Europa, con un aumento del 60 % entre 2021 y 2022. Sin embargo, estas grasas también se utilizan en otras industrias, como la oleoquímica y la de alimentos para animales de compañía. Una demanda creciente para su uso en el sector del transporte ejercería presión sobre su disponibilidad, lo que provoca efectos de desplazamiento: cuando estas industrias no logran acceder a suficientes grasas animales, recurren a otros materiales.
Un claro ejemplo de esta competencia de usos es la sustitución de grasas animales por aceite de palma, considerado el sustituto más barato y con propiedades similares. Si esta sustitución se generaliza a causa de un incremento fuerte de la demanda de biocombustibles, el impacto ambiental total puede empeorar significativamente.
Se estima que los biocombustibles producidos a partir de grasas animales podrían llegar a generar hasta 1,7 veces más emisiones que el gasóleo convencional, debido al uso indirecto de aceite de palma.
Lejos de ser una solución limpia y sostenible, la expansión de los biocombustibles de segunda generación está generando nuevas tensiones sobre recursos limitados, desplazando a otras industrias y, en muchos casos, agravando el impacto ambiental que supuestamente deberían mitigar.
Mito 4. Los biocombustibles permiten reducir hasta un 90% las emisiones de CO₂ respecto a los combustibles fósiles
Los impactos medioambientales de los biocombustibles dependen en gran parte del tipo de materia prima utilizada en su fabricación y su procedencia geográfica, dado que la mayor parte de sus emisiones proviene de ese proceso y no solo de la combustión, debiendo tenerse en consideración el balance completo y otras cuestiones asociadas como la disponibilidad de materias primas, escalabilidad y usos de esas materias primas en otros sectores.
Los cálculos actuales sobre las emisiones de los biocombustibles no consideran todas las etapas del ciclo de vida ni todos los impactos indirectos, por lo que pueden subestimar significativamente su huella real.
Los biocombustibles basados en cultivos, especialmente de palma y soja, pueden generar más emisiones de carbono que los combustibles fósiles debido al cambio indirecto del uso de la tierra (ILUC).
Dado que la mayoría de la materia prima para los biocombustibles proviene de fuera de Europa, hace falta tener en cuenta las emisiones vinculadas con el transporte de esas materias primas.
Mito 5. Los biocombustibles producidos a partir de cultivos no amenazan la seguridad alimentaria
Cultivos como la soja, la palma, la colza, el maíz, el girasol o la caña de azúcar destinados a biocombustibles compiten directamente con la producción de alimentos, intensificando la presión sobre la tierra y el agua, y en algunos casos desplazando a comunidades locales y promoviendo la deforestación. Esta competencia con otros usos como el consumo humano y animal puede desplazar la producción de alimentos, aumentar los precios de los alimentos y aumentar la vulnerabilidad alimentaria.
Además, aunque no se utilicen cultivos alimentarios, el uso masivo de cultivos intermedios puede fomentar la expansión de monocultivos, con impactos negativos sobre la biodiversidad, la calidad del suelo y la gestión sostenible de los recursos naturales. Por último, la cosecha tardía de estos cultivos para maximizar la biomasa puede reducir el rendimiento de los cultivos alimentarios posteriores
Cuando se cultiva en zonas con alta biodiversidad o grandes reservas de carbono, o mediante prácticas agrícolas poco sostenibles, usando cantidades importantes de fertilizante y pesticidas, el impacto ambiental es negativo.
Por último, el cultivo en tierras degradadas también representa un riesgo, ya que no está claro cómo se controlará de manera eficaz que realmente lo sean, y que no se estén utilizando tierras para producir materias primas para biocombustibles que podrían haberse destinado a otros cultivos.
Mito 6. Los biocombustibles van a descarbonizar la aviación y el transporte marítimo
La capacidad de los biocombustibles para contribuir a la descarbonización es limitada, principalmente por la escasa disponibilidad de materias primas verdaderamente sostenibles. Cuando se recurre a cultivos alimentarios, existe un riesgo para la seguridad alimentaria, y los residuos disponibles no son suficientes para cubrir la creciente demanda, lo que genera riesgos de fraude y prolonga la dependencia energética.
Estas repercusiones negativas sobre el medio ambiente, sumadas a los problemas de transparencia asociados a los biocombustibles, refuerzan la posición del hidrógeno verde y los combustibles sintéticos, como las alternativas más respetuosas con el medio ambiente para sustituir a los combustibles fósiles en el sector de la aviación y el transporte marítimo.
Los combustibles renovables que no provienen de la biomasa son aquellos producidos a partir de fuentes renovables, como la electricidad generada mediante energía eólica o solar. Entre ellos se encuentran los combustibles sintéticos, como el hidrógeno, el amoníaco o el queroseno sintético. En comparación con los biocombustibles, este tipo de combustibles consume menos agua y requiere menos superficie de suelo.
El desarrollo de estos combustibles tiene grandes previsiones de futuro. Aún están en una fase temprana, ya que son más caros, pero al no depender de la disponibilidad de materias primas como los residuos, su escalabilidad es actualmente más viable.
Mito 7. Los biocombustibles son combustibles “verdes” que no dañan la salud de las personas y el medio ambiente
Aunque los biocombustibles pueden reducir ciertas emisiones respecto a los combustibles fósiles, la combustión sigue generando contaminantes atmosféricos y acústicos con efectos negativos para la salud humana. Las principales fuentes de NOx son el transporte por carretera, la agricultura y la industria, actividades que también producen emisiones de partículas contaminantes como PM10 y PM2.5
Además, siguen produciendo ruido: continuar quemando combustible no reducirá el ruido de los vehículos, lo que provoca cardiopatías, ansiedad y estrés, trastornos de sueño, pérdida de audición y alteración del sistema inmunitario.





